Me dicen que soy buena lavando pisos
y no entienden que no
que no quiero serlo,
que prefiero ser buena amante
o excelente en el trazado de formas humanas.
Soy muy buena lavando pisos
porque llevo en mi
el peso de generaciones y generaciones
de mujeres que sufrían.
Mujeres preparadas
para recibir palizas alcohólicas
sin protestar
y aguantar calladas
mordiéndose los labios
porque eso era un marido
y un padre
hasta un hermano
que hacía lo que tenía que hacer.
Soy muy buena lavando pisos
porque no pude escapar a lo que se esperaba de mí
porque tenía ocho años cuando me dijeron
-vení, mirá, así se lava un piso
y yo recuerdo de eso
las venas azules de la mano de mi madre
a punto de explotar
como cadenas
(pero al revés)
cuando retorcían el paño
como si en cada vuelta que se le daba
se estrangulara a un hombre
como si fuera una carrera hacia un orgasmo.
Capaz que era un orgasmo
ver el piso así tan limpio.
Ver sudar a ese trapo
su jugo gris
agua de mugre.
Pasar una y otra vez la escoba
-que no lampazo-
desdentada y el trapo abajo
como queriendo borrar los dibujos de las baldosas
el destino.
Y yo miraba
los ojos de ocho años seguían el movimiento
la piel sentía el sufrimiento
aprendía que cuando se hiciera eso
se debía sufrir
putear entredientes.
Soy muy buena lavando pisos
y no quisiera
quisiera hacer así nomás
pasar la mery como en la tele, y sonreír
sin inclinarme
sin partir el lomo
y que el piso no importe.
Pero es más difícil sacarse los sueños propios
que los sueños que los otros pusieron en mí.
sábado, 11 de mayo de 2013
viernes, 26 de abril de 2013
Más que ventana, quisiera tener alféizar. Todas las palabras que con él están vinculadas son bellas. Por ejemplo: el alféizar tiene un vierteaguas, podría ser allí donde yo coloque mis geranios. Si no tiene vierteaguas se produce la estanqueidad, que es un estado al que no me gustaría suscribirme, que yo me imagino de humedad y silencio. El agua corre y penetra por las jambas del hueco, que debe ser lo más lindo de sentir. Cuando el agua corre, todo por adentro, inicia la carrera hacia el goterón, y allí se comunica con el afuera. Para los arquitectos el diseño del alféizar es uno de los puntos más delicados, en ese dibujo radica el arte de la proyectación.
Si yo fuera un objeto quisiera que me llamaran alféizar, estar hecha de formas redondeadas y esconder arabescos en los rincones, que la gente pasara por la vereda y dijera, "qué lindo alféizar tiene la casa de Tal".
No entiendo porqué alféizar es sustantivo masculino.
Si yo fuera un objeto quisiera que me llamaran alféizar, estar hecha de formas redondeadas y esconder arabescos en los rincones, que la gente pasara por la vereda y dijera, "qué lindo alféizar tiene la casa de Tal".
No entiendo porqué alféizar es sustantivo masculino.
sábado, 8 de diciembre de 2012
martes, 4 de diciembre de 2012
Las cajas de corbatas
A las cajas de corbatas les sobran los empleados que las venden.
Las cajas son simpáticas, pintadas de rayitas o lunares.
A las cajas de corbatas les sobran las corbatas, porque las cajas en sí son un regalo para guardar otros regalos.
Los hombres que reciben las cajas de corbatas nunca las aprecian: se interesan por las corbatas, su dibujo o la procedencia de la seda. Van a las fiestas con las corbatas, halagan el buen gusto de su mujer -los hombres nunca regalan corbatas- y olvidan a la caja, lo femenino, el móvil que ha logrado que hayan sido compradas esas cintas para atar el cuello.
Las mujeres que regalan corbatas lo hacen por la caja, para luego poder guardar ahí las cartas de su infancia, de los novios, o las fotos en las que aparecen casi anónimas, inexistentes, las corbatas.
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